martes, 21 de diciembre de 2010

Parecía una buena idea

Oh, sí. Un pensamiento llega a ti de forma tan inesperada y sutil que ni lo sientes, pero va acomodándose dentro de ti, en tu mente y en tu corazón y de repente lo notas en todas partes. Un pensamiento que se volvió una idea y acabó por darte una ruta. Y esa ruta parece tan buena, ya te viste en ella, ya imaginaste todas las cosas que sucederían si decidieras tomar ese camino que se muestra hasta con flechas de neón a ti.
Y tú, decides tomar el paso. Caminas hacia adelante, directamente, siendo valiente, sin un ápice de duda. Sin embargo, comienzas a notar que el cielo que veías radiante y de azul puro comienza a ennegrecerse y llenarse de nubes grises y gordas, amenazando con lluvia. Tú las ignoras y no dejas que te depriman. Y aquí viene, un letrero que te dice "Bienvenido al próximo destino"; sabes que al pasarlo tu vida será otra, porque habrás tomado una decisión. 
Esa decisión puede ser cualquier cosa; el ascenso en el trabajo, cortarse el cabello, hacerse una operación, firmar un documento, publicar algo en la red, salir a pasear... Toda decisión, por muy vaga que parezca (como decir "salud" después de que alguien estornuda) tiene consecuencias. El problema es que no podemos ver el futuro y... bueno, tampoco sabemos si lo que haremos nos hará bien o mal.
Qué pasa cuando pasas aquel letrero en tu ruta y comienza a llover? Empiezas a notar que el camino está lleno de lodazales y sientes, detrás de ti, enfrente, por todas partes, esas miradas pesadas que reprochan con un "te lo dije", "qué has hecho?", "estabas consciente de lo que hacías?", etcétera...
Te preguntas porqué lo hiciste, qué pensarán de ti... Parecía una buena idea! O no? Descubres que tu genial idea, con la que te sentías tan seguro, de pronto se da la vuelta y todo tu mundo parece derrumbarse. Si no hubiera hecho aquello, si hubiera hecho lo otro... El hubiera no existe. Nos quedamos con las consecuencias de un pasado, en este presente, tratando de sacar lo mejor para el futuro. Así es nuestra mente humana: Nuestros tiempos no nos dejan nunca. No podemos fingir que tal cosa nunca pasó, sigue allí, presente... A pesar de que continuemos nuestro camino, el tan sólo ver la lluvia nos recuerda el letrero, y nos lleva al arrepentirse de tomar tal ruta.
Cosas buenas y malas salen de esto. Lo malo es que no parará la lluvia dentro de un rato y tendrás que lidiar con el clima. Entonces, tus opciones son o mojarte o conseguir un paraguas. Lo bueno es que piensas en cómo darle solución, en cómo voltear la situación para que te dé el provecho que quieres. No será cosa fácil, pero vale la pena intentarlo.
Hay tres tipos de personas: Las que nunca toman otra ruta y siguen en la misma. Las que se lanzan en todas direcciones y salidas que se les pongan en frente. Y las que antes de tomar una decisión, piensan y meditan y recapacitan y finalmente la toman, cien por ciento seguros de lo que van a hacer. Y dos cosas sobre esto: Las consecuencias de cada decisión que tomen las personas será dependiendo de cómo tomen sus resultados. Y, todos, absolutamente todos, hemos sido alguna vez parte de cualquier tipo. Has sido espontáneo, rígido y muy reflexivo en cualquier etapa de tu vida. Todos pasamos por eso, así que los humanos realmente no podemos ser etiquetados en una casilla de por vida. Si no, no seríamos humanos...




Sólo te pido, después de tanto rollo sobre rutas, que cada vez que tomes una decisión y no te gusten sus resultados, intentes sacar lo mejor de la situación. No es cosa fácil, pero se puede lograr. Aunque te haya parecido la mejor de las ideas y veas que no fue tan bueno como esperabas, que esto no te desanime a solucionarlo ni intentar otras cosas.


"El instinto nunca falla. Sea bueno o malo, tú mismo sabes qué es lo que necesitas, puede ser un empujón o una tendida de mano... Tú síguelo." -DNIP Romy Lara