miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un cafecito

Mi hermana y yo pasamos todos los días por el Starbucks Coffee que hay cerca de mi casa. La mayoría de las veces nos conformamos con oler la mezcla del café con las infusiones y los pasteles recién horneados. Nos gusta ver a las pocas personas que a esa hora se sientan a platicar, a estar en la lap, leyendo un libro, con una taza de café a su lado. Se ven tan relajados... Que se nos antoja.
Yo adoro el Starbucks. Podría sonar como anuncio publicitario pero es la verdad, lo que más me gusta es la "experiencia Starbucks" que te brindan. Además de mi casa y la escuela, Starbucks es mi tercer hogar a donde voy de vez en vez, y me siento feliz por el simple hecho de estar allí.
Un día que entro al local, el aroma a café recorre el lugar, voces tranquilas resuenan en los rincones, risas y jaleos. Unas tres personas están formadas en fila, y yo, la cuarta. En lo que espero mi turno admiro la colección de tazas y termos y bolsas de granos de café que se disponen en toda su belleza frente a mí. Las sillas y mesas ocupadas por la gente... El lugar siempre me ha atraído por su diseño. Los colores en perfecta combinación, las lámparas como si hubieran sido manchadas con cera de vela, los dibujos scrapbook en la pared. En la barra siempre está el menú de bebidas y un dibujo hecho en gis.
Es mi turno. Con una sonrisa pido mi Moca helado de un shot, chocolate blanco, un toque de avellanas, crema batida y caramelo. Cuando me lo dan, voy por una servilleta y un popote, veo los folletos que están dispuestos y casi siempre me llevo dos. Adoro su forma y las palabras que llevan.
Y sí, a veces pido una galleta o un rol de canela para acompañar. Podría quedarme allí fácilmente unas dos horas, quizá tres. Cuál es la prisa si la estoy gozando?
Recuerdo que hace mucho, íbamos los cuatro al Hotel Sheraton y abajo había un Starbucks. Entonces en lo que mis papás escuchaban el culto mi hermana y yo bajábamos y pedíamos un café, luego leíamos o platicábamos. Fuimos todos los domingos durante tres meses, la señorita ya nos conocía por nombre, sabía qué café pedíamos y platicaba con nosotras... Esa es la experiencia Starbucks, y por eso me encanta.

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